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17 | 6 | 2026
Jordi Manuel Escudé Casals - Ateneu Sant Pacià
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Bioética: interrogantes y retos

Una disciplina compleja, esencial, a menudo ignorada, que obliga a todos los seres humanos a plantearnos cuestiones urgentes sobre nuestra vida.

Primero nació y después fue bautizada. Hoy, al cabo de 25 años, la joven bioética continúa afrontando nuevos e inesperados retos de la era de la técnica. Pero su primera y más importante tarea ha sido la de encontrar su identidad. Ha tenido que preguntarse: quién era, qué debía hacer y cómo debía hacerlo. Una mirada a estas tres cuestiones puede ser útil para situarnos en el ámbito complejo de la bioética.

¿Qué es, la bioética?

A veces quisiéramos poder clasificar la bioética como una ciencia. Pero ¿podemos todavía inventar nuevas ciencias? Por otra parte, parece insuficiente considerarla únicamente como una ampliación de la clásica ética médica o asignarle sencillamente un nuevo capítulo de la ética aplicada. Hay quien, en la práctica, la ve como una bioética.
 

Ciertamente, las ciencias biológicas deberían ser más éticas. Otros la querrían bio-ética, porque es la ética la que debería tener más en cuenta el progreso de las ciencias biomédicas y no formular criterios éticos desde una biología ya superada.
 

A veces, sin cambiarle el nombre en público, hay quien la ha rebautizado en privado y la ha convertido en bio-derecho. Ante la complejidad de los problemas que nos plantea el progreso científico, y teniendo en cuenta el pluralismo ético de nuestra sociedad, el bioderecho pretendería alcanzar unos acuerdos sociales que permitieran fijar unas normas legales válidas y obligatorias para todos.

Reducir la bioética a bioderecho es la gran tentación. La tentación de llamar a la ley para que venga a liberarnos de la carga de asumir nuestras propias responsabilidades. ¿Qué es la bioética? De momento, en sus círculos de debate no se quiere reducir la bioética a un bioderecho. Tampoco se quiere esperar encontrar respuestas que provengan de una ética desencarnada o de una ciencia deshumanizada. La bioética es, por ahora, un «espacio» de diálogo interdisciplinar.

¿Qué tarea cumple, la bioética?

La bioética debe poder ofrecer este «espacio». Pero la interdisciplinariedad puede plantearse desde diferentes ángulos. En primer lugar, la bioética es interdisciplinar porque en ella confluyen cuestiones diversas. Dicho en términos clásicos, su «objeto material» es plural. Tan plural que a veces sus fronteras se extienden hasta temas sociales como la guerra o la ecología, y otras veces parece que se quiere ceñir casi exclusivamente a las cuestiones médicas. Si la dimensión interdisciplinar se limitara a este objeto material sería poca cosa, pero eso no quiere decir que no sea importante. La bioética nació en el Primer Mundo, en la sociedad del bienestar, liberal y capitalista. A medida que se aproxima al Tercer Mundo, debe ampliar su temática. Junto con las técnicas de reproducción asistida debe tener en cuenta las «técnicas» para frenar la mortalidad infantil; «calidad de vida» no significa solamente tener salud y bienestar, sino también «supervivencia»; junto con el «derecho a una muerte digna», debe plantearse el debate sobre el «derecho a una vida digna». El objeto material de la bioética no es tan secundario como parece.

“Valores, principios y normas que revelan diversas maneras de entender a la persona y a la sociedad. Este pluralismo ético provoca una incomodidad en la ciencia.”

Una segunda manera de interpretar la interdisciplinariedad es convertir la bioética en un capítulo de la clásica ética aplicada. Desde los ámbitos de la ética a menudo parece que algunos solo la entienden en este segundo sentido. La ética sola e independiente sería la única responsable de establecer las normas de actuación. Las otras ciencias aportarían únicamente la información objetiva necesaria para que la ética se haga cargo de lo que hoy es técnicamente posible. En este caso la dimensión interdisciplinar es extrínseca. La ética se encuentra sola en el momento de ofrecer una respuesta y las otras ciencias limitan su parecer a ser unas “ancillae ethicae”.

“Ciencias biomédicas, ética y derecho constituyen el triángulo del diálogo formalmente e intrínsecamente interdisciplinar”

Una tercera manera de orientar este diálogo plantea la interdisciplinariedad de la bioética como elemento formal e intrínseco, no únicamente material y extrínseco. Aquí se dibuja el perfil más original de la bioética. Los problemas que trata piden competencias diversas. Cada una de estas competencias es específica.

Pero en el diálogo se crea una mutua interacción para formular, matizar e, incluso, modificar las propuestas de cada una de ellas. Las posibles respuestas o caminos para buscarlas no son cada una de estas competencias, sino el resultado de sus contribuciones.

De hecho, los especialistas en ciencias biomédicas fueron los primeros al buscar un diálogo con el mundo de la ética y aquí surgió también la necesidad de encontrar unas normas jurídicas que regularan las investigaciones y las aplicaciones de los avances en la sociedad. Ciencias biomédicas, ética y derecho constituyen el triángulo del diálogo formalmente e intrínsecamente interdisciplinar.

¿Cómo se aplica la bioética? Es la pregunta más definitiva para descubrir su identidad. Cada uno de estos tres mundos (ciencia, ética y derecho) es su paradigma de pensamiento.

Cómo se puede establecer un diálogo interactivo entre racionalidades diferentes? La racionalidad entiende la verdad como la realidad experimental y demostrable. Y este concepto de verdad es el marco por el que verificar la validez de las hipótesis científicas. La racionalidad ética, por su parte, se mueve en el mundo de los valores. Desde los valores propone principios y normas para ejercer la libertad. Valores, principios y normas que revelan varias maneras de entender la persona y la sociedad. Este pluralismo ético provoca una incomodidad a la ciencia. Ella se acerca honradamente a la ética y se encuentra con varios interlocutores, que además no pueden demostrarle empíricamente, «científicamente», la verdad de sus valoraciones.

"Muchas veces el derecho se hace permisivo para corresponder a una sociedad permisiva y pluralista. A este nivel la «verdad jurídica» puede cambiar con el cambio de las mayorías."

El derecho, por su parte, tiene como objetivo organizar la convivencia ciudadana y promover el bien común. En las democracias modernas, el derecho parte de unos principios fundamentales valorativos, pero siempre generales. Sobre esta base construye sus normas a partir del consentimiento global o como mínimo de acuerdo con la opinión de la mayoría. Además, muchas veces el derecho se hace permisivo para corresponder a una sociedad permisiva y pluralista. A este nivel la «verdad jurídica» puede cambiar con el cambio de las mayorías. Muchas veces dejará de proteger valores reconocidos para proporcionar más ámbitos de libertad al pluralismo social. En el trasfondo de toda ley, hay también una opción ética, pero el derecho no se identifica, ni en contenidos, ni en procedimientos, con la ética.

Las dificultades y las posibilidades para lograr un diálogo permeable y de mutuo enriquecimiento entre ciencia, ética y derecho, nos llevarían hoy demasiado lejos. Hacer posible este diálogo es algo necesario, y es el gran y fascinante reto de la bioética. Pero la bioética es joven, tiene mucha vida por delante y tenemos que esperar que logrará sus objetivos.

Jordi Manuel Escudé i Casals
Profesor de Teología Moral Fundamental de la Facultad de Teología de Cataluña

Mayo de 1995 – Institut Borja de Bioètica